LA FUNDACIÓN DE DOLORES, ISLA MUJERES

miércoles, 2 de septiembre de 2009
Terminan apenas los festejos por los 159 años que cumple oficialmente esta población. A pesar de la crisis, debemos ser honestos y reconocer el enorme esfuerzo desplegado para que tan importante fecha no pase desapercibida.
Recuerdo que hace 13 años iniciamos esta celebración que ya es tradicional, y que el interés primero fue el de honrar a quienes pusieron los cimientos de lo que es hoy nuestra ciudad.
Hay sin embargo un tema que en personal me llama la atención. Cada año, en Sesión Solemne, se da lectura al Decreto que emitiera el gobierno yucateco para erigir en pueblo el punto habitado en la parte norte de Isla Mujeres.
Se lee el texto íntegro, pero no se explica el porqué de su contenido…como se hizo algunos años atrás. Esto, desde mi personal punto de vista, deja a quienes escuchan con muchas interrogantes. No son pocas las personas, nativas y no nativas, que así me lo han manifestado.
Por ello, trataré a continuación de explicar, aunque sea someramente, el porqué de ese texto, sustentándome en el conocimiento que de los acontecimientos de esa época he podido adquirir.


COMENTARIOS AL DECRETO DE FUNDACIÓN

1.- El poblado se fundó en 1850 bajo condiciones especiales por la crítica situación que vivía el estado de Yucatán a consecuencia de la Guerra de Castas. Los pobladores, que escapando de los horrores de la guerra vinieron de diferentes puntos de la península eran agricultores en su mayoría, y no pescadores como equivocadamente asientan algunos escritores. El propio decreto es claro en esto porque ordena a los pobladores labrar los terrenos de la isla por seis años, y no se refiere en lo absoluto a la pesca. En cuanto al tiempo señalado de seis años, cumplido ese período podrían titular a su favor las tierras que hubieran laborado en forma ininterrumpida.
Debo agregar, que la captura o explotación de especies marinas estaba concesionada a influyentes personas que nada tenían que ver con esta ínsula.

Es importante señalar que hubo particular interés del gobierno yucateco en la consolidación de asentamientos humanos en las islas, pues los ingleses de Belice, aliados de los mayas rebeldes, habían aprovechado el caos para asentarse por todo el litoral oriental. En 1850 se reportó que sólo en Boca Iglesia había más de 700 británicos, y que Isla Mujeres estaba superando a Campeche como puerto de embarque de Palo de Tinte.
Por ese motivo, se prohibió ausentarse del lugar sin permiso de la autoridad. La residencia se estimuló dejando “libres del servicio de armas” a los fundadores del poblado. Se exigió además, que se hiciera un reporte especial de los extranjeros que pasaran por la isla, o que pretendieran avecindarse en ella.

Sumido en la guerra, Yucatán no estaba en condiciones de ayudar a sus poblaciones; menos a las que se encontraban tan alejadas del centro de poder político y económico, o sea, tan distanciadas de Mérida.

Por ello, el decreto dispuso que los colonizadores de la isla se hicieran responsables de la necesidades más elementales (construir calles, iglesia, casa pública, áreas verdes, plaza, habilitar policía, etc.), ya que no tenía manera de ayudarlos.

Uno de los pocos compromisos que el gobierno adquirió fue el de instalar una escuela. Para 1862 se cita como tal una humilde choza de palma y madera de monte con piso de arena. No hay maestros; son los mismos isleños quienes van transmitiendo sus conocimientos a sus hijos. O sea, 12 años más tarde el Gobierno Yucateco no había cumplido esa obligación.

El Decreto fue, desde su publicación, un código de obligaciones qué cumplir. No importaban las inclemencias del tiempo, el aislamiento y el abandono, la carencia total de servicios.

LOS AÑOS PRIMEROS…

Nada de esto doblegó o desanimó a los tenaces y valientes fundadores. En 1852 tuvieron que enfrentar el primer gran huracán de más de 20 que llevamos a cuestas en estos 159 años de vida institucional. Ese huracán fue la primera gran prueba de fuego que superaron con éxito nuestros antepasados. Luego, en 1857, una vez más el agua y el viento se unieron para destruir el humilde caserío de Dolores, Isla Mujeres. Después, estos fenómenos naturales dejaron de preocupar tanto porque se formó una cultura de prevención y corrección de los daños que siempre ocasionan.

En esos primeros años el cólera se abatió sobre Dolores. Era la “Enfermedad del Siglo”, y sus consecuencias fueron desastrosas en pérdidas de vidas humanas.

Para 1871 los fundadores dejaron de reportar que habían nacido fuera de la isla. Empezaron a manifestarse como naturales y vecinos de la misma. Ya no eran labradores, se habían adaptado al medio convirtiéndose en pescadores de tortugas, esponjas y tiburones. Ya no estaban solos; constantemente llegaban barcos de Cuba con bastimentos y noticias del mundo exterior. También de Belice u Honduras se recibían alientos cuando barcos de esas nacionalidades hacían escala en la bahía.

Los fundadores habían aprendido a resolver ellos mismos sus problemas, pues unidos y en alegre camaradería hacían trabajo de comunidad todos los días. Les gustaba que en otros lugares se hablara de la limpia y bella Isla Mujeres. Poco a poco lograron que la isla fuera reconocida como la más rica entre las del litoral de la península. Los fundadores habían aprendido a que nadie vendría a hacer por ellos lo que a ellos les correspondía. En lo personal, creo que esa es la más hermosa lección que nos han legado.


Isla Mujeres, Agosto de 2009.-

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